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domingo, 3 de agosto de 2014

Hupomone, paciencia. Por @RosaliaMorosB

Rosalía Moros de Borregales 02 de agosto de 2014
@RosaliaMorosB

En ocasiones, lograr encontrar la palabra que exprese plenamente su significado en otra lengua es una labor que requiere más que la técnica de traducción, la pericia de conocer los laberintos del significado. En la traducción del Nuevo Testamento del griego al español existen una cantidad de vocablos cuya traducción no expresa la profundidad que posee en su idioma origen. Pensando en las virtudes de la fe cristiana expresadas en las Sagradas Escrituras quise escribir sobre la paciencia, pero no la paciencia desde nuestra concepción actual, la cual expresa casi desesperación en la larga espera, sino la paciencia desde el significado del vocablo griego hupomone (ὑπομονή).

Recibo una nota de un buen amigo que confirma mis pensamientos. En esta hora de nuestra patria nos es necesaria la paciencia, pero desde su concepción neo testamentaria la cual va más allá de saber esperar lo que se desea, o de soportar algo calladamente. La palabra usada en el griego es Hupomone la cual es traducida también, según su contexto, como resistencia o perseverancia. Esta palabra describe la fuerza interior que nace de una relación de comunión con nuestro Creador. Aquel que ha gustado de la bondad del Señor en su vida es capaz de mirar más allá de las circunstancias, reconoce la omnipotencia de Dios, no tiene la actitud de tristeza profunda de quien se resigna, sino la actitud de la esperanza mostrada en un espíritu luchador que vive la adversidad como el que siempre ve la luz al final del túnel.

Lo más inspirador del significado de este vocablo griego usado tantas veces por el apóstol Pablo es que constituye el fundamento de toda acción de justicia, permite al ser humano practicar la paz donde hay guerra, mantener la calma en medio de la tormenta, confiar al ser victima de un complot, valorar a sus semejantes a través del sacrificio de Cristo en la cruz. Produce en nosotros la certeza de la autonomía de Dios, nos da la convicción de que los ojos del Señor están sobre la tierra para hacer su justicia. Cuando alguien ha desarrollado la virtud de hupomone ni la violencia del hombre, ni los poderes del mal pueden contra él; su coraje está fundamentado no en su propia fuerza sino en la fuerza de su fe en Dios.

Sin duda, el primero que mostró esta virtud fue Jesús cuando caminaba las polvorientas calles de Galilea. Al ser interpelado por los fariseos siempre tuvo una respuesta cabal para expresar su razón, mas nunca propició la guerra. Al darle respuesta a Anás, una de las autoridades religiosas de la época un soldado le propinó una bofetada a lo que Jesús le respondió: _ Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; pero si bien, ¿por qué me golpeas? Más tarde, cuando Pilato le increpa, reconoce que es Dios quien le ha dado esa autoridad al gobernador romano de Judea: _ Ninguna autoridad tendrías contra mi si no te fuere dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

Así, cuando nuestra valía está fundamentada en quién somos para Dios y no en el concepto en el cual los hombres puedan circunscribirnos, hupomone se hace palpable en nuestro carácter. Podemos resistir al mal sin ser vencidos por él. Podemos perseverar en sembrar la semilla del bien porque no viene de nosotros sino de Dios en nosotros. Podemos tener la certeza de que nuestra paciencia está fundada en la confianza de hijos que  esperan lo mejor de su Padre.

“… Como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo”.  II Corintios 6:10





Rosalía Moros de Borregales 
roaymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB

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