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viernes, 18 de julio de 2014

Los militares: de élite a clase

Trino Márquez Jue Jul 17, 2014

Desde que Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez contratan los servicios de Samuel Mc Gill, coronel chileno de formación prusiana, para que funde la Escuela Militar, en 1910, los miembros de la institución castrense formaron una élite, podríamos llamarla “armada”, cuya misión consistía en preservar –de la manera más profesional posible- el orden y la continuidad del régimen tiránico de “El Bagre”. La institución se alimentaba fundamentalmente de individuos provenientes de los sectores populares. Esta fue siempre una diferencia con Colombia o Chile, países donde las Fuerzas Armadas, especialmente en sus altos mandos, estaban constituidas en su mayoría por miembros de la oligarquía y de los grupos económicos dominantes. En Venezuela, al contrario, el ingreso al Cuerpo fue visto como un mecanismo de ascenso social.

Esta característica de élite se mantuvo durante casi un siglo, hasta el ascenso de Hugo Chávez al poder. Incluso con Gómez y Pérez Jiménez, los militares, a pesar de ser un grupo que disfrutaba de enormes privilegios, constituían un sector exclusivo y reducido. Con el caudillo de Sabaneta este rasgo distintivo comienza a variar, primero de forma lenta, luego con el acelerador a fondo. Nicolás Maduro continúa el proyecto de Chávez, pero acentuándolo.

Con motivo de la celebración del 5 de Julio pasado, Maduro ascendió a más de doscientos oficiales a los rangos de General y Almirante. Estos nuevos miembros se suman a los generales y almirantes activos ya existentes. La décima parte de esa cantidad sería suficiente para dirigir una institución que apenas sobrepasa los 100.000 hombres. De hecho, existen muchos más generales de División y de Brigada, que divisiones y brigadas.

¿Cuál es el propósito inflar el generalato? Aunque parezca paradójico, diluir y fragmentar el poder de los generales. Mientras más generales haya, menos poder se concentra en cada uno de ellos. Existen demasiados primus inter pares. Resulta difícil que uno acumule todo el poder y se convierta en el factor que galvanice a los demás y, por esta vía, se trasforme en una amenaza para el Presidente de la República. Maduro necesita constituir una clase militar, distinta a la élite en el sentido tradicional de la expresión.

Maduro es un mandatario muy frágil que requiere sentirse protegido, no por un general en particular, sino por un sector amplio con intereses y privilegios comunes. El hombre que está en Miraflores es un civil que carece de carisma y ascendencia dentro de las FAN, a diferencia de Chávez que surgió de las entrañas de la institución, como le gustaba recordarlo en cada acto político que organizaba en los cuarteles.

La clase militar, desde luego, no está compuesta solamente por los generales. Estos conforman el vértice de la pirámide. La clase incluye al resto de los grados y rangos. La militarización del país representa el reflejo del crecimiento de la clase militar. Ahora los uniformados se encuentran en los ministerios, los órganos desconcentrados de la Administración Pública, las gobernaciones y alcaldías, el BCV, Cadivi, el Seniat, la CVG y demás empresas públicas, las empresas confiscadas y expropiadas, los puertos y aeropuertos, las aduanas. En la mira tienen a PDVSA. No hay espacio del Estado o de la sociedad donde los verde olivo no nos impongan su presencia arrogante. Insólito, hasta en el Parque del Este de Caracas tienen un comando y se pasean con armas largas, me imagino que para combatir la guerrilla integrada por los Bos Scouts que se ejercitan en el parque.

Maduro, ya que no puede controlar el PSUV, ni a Diosdado Cabello, ni a Rafael Ramírez, optó por lanzarse en brazos de los militares, llenarlos de cargos y privilegios, y dejarse tutelar por ellos. Sin rubor, los militares amenazan a los civiles. Declaran en la Asamblea Nacional, escenario por excelencia de la política y de la soberanía popular, que la FAN es chavista. El resultado de esta entrega impúdica a la nueva clase, es que tenemos un país cada vez más militarizado y más autoritario, donde el ejercicio civil y republicano ha quedado arrinconado en espacios marginales.

Recuperar la República y lograr que los militares regresen a los cuarteles y obedezcan la Constitución, será una tarea ardua. Esperemos que dentro de la institución armada haya oficiales que entiendan la importancia de la FAN para rehacer la Democracia y el carácter civilista de la sociedad que nos corresponde reconstruir.


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