viernes, 18 de abril de 2014

Diálogos desde La Colmena, con el Padre Arturo Peraza



La pasión según San Mateo (completa) por Bach

Si no lo ve siga el link: http://youtu.be/l61LB6tFLVc


La salida

NELSON CASTELLANO HERNÁNDEZ jueves 17 de abril de 2014
Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia
nelsoncastellano@hotmail.com


La oposición va por buen camino, con o sin concertación se encuentra actuando en diferentes frentes. Dirigentes como Capriles, Aveledo, María Corina, Ledezma, Leopoldo, Borges o Diego Arria los mueve un mismo objetivo patriótico.

Los estudiantes y el pueblo que está en la calle coinciden con ellos. Las diferencias que existen entre los dirigentes y las que puedan existir entre algunos de ellos y los que batallan en la vía pública es tan solo en el método de lucha.

Es así que se gana una batalla, lo que a primera vista parecería contradictorio se convierte en algo esencial para la acción. La toma de conciencia de la realidad opresora, por parte de todos los sectores involucrados, deviene el principio del movimiento y la vitalidad que conduce hoy en día la oposición venezolana.

Como ha sido dicho, la juventud y el pueblo continuarán en la calle hasta que se logre revertir este proceso de negación del ser humano.

Nadie se rendirá hasta que no haya justicia, esto pasa por juzgar a los asesinos y disolver los colectivos armados. Pasa por la libertad de todos los estudiantes detenidos, la de los presos políticos y que se deje de perseguir la universidad autónoma.

Será necesario restituir derechos, curules, que el régimen abandone la subordinación a los Castro y rectifique la desastrosa gestión socio-económica de Venezuela.

Para que vuelva la paz es necesario elegir un Consejo Nacional Electoral neutral y contar con un Poder Judicial independiente.

Es hora que el Gobierno entienda, que es eso o es "la salida" que está planteando la calle.

El legado del difunto y la pésima gestión de su heredero han precipitado al país en un abismo, el odio, la división de un pueblo y la represión, solo podrán sanar  con un proceso de reconstrucción y de educación.

Eso hay que desearlo y ponerlo en marcha, no bastarán discursos ni falsas promesas, le gente espera acciones sinceras, sin ellas el diálogo no tendrá cabida y no pasará de ser una farsa.

La gran responsabilidad la tiene el Gobierno, si lo que busca es una táctica dilatoria, la reacción será proporcional a la traición. Demuestra claramente que desea corregir el rumbo o el desafecto del pueblo los conducirá al ostracismo.

La comunidad internacional ha tirado la señal de alarma, el Régimen lo sabe y la teme, el tiempo es corto. Tendrá que empezar por amarrar "sus locos" como dice la expresión popular, los que parecen actuar movidos por sus intereses particulares y que de alguna manera boicotean cualquier iniciativa de entendimiento.

En todo caso se evidencia el descontrol que existe en la gestión gubernamental y por lo cual cada quien va por su lado, lo que desespera a Fidel, Raúl y sus cónsules.

Llegó la hora de escoger como pasar a la historia, tanto para el gobierno como para la oposición. El primero está en desventaja, la violencia lo puso en entredicho, su margen de acción puede ser brutal y sanguinario, pero limitado.

La oposición está llamada a escribir nuevas páginas en la historia, unidos en lo esencial, en lo que nos hace demócratas. Actuando en los diferentes frentes, acorralaremos al autoritario que pretende seguir abusando del poder y atropellando con la fuerza.

La identidad está de parte de un pueblo que reclama justicia y libertad. Que aspira vivir en su patria con seguridad, que no acepta que en un país rico no se consiga, ni medicinas ni comida.

El desafío de los líderes es captar esa identidad, superar las diferencias y las contradicciones que existen en todos los estratos sociales. Comprender la dependencia reciproca que existe.

Con imaginación, estrategias y presencia se logrará la transición del sentir de unos a los otros. Más importante aún, que cada ser que se rebela y que sufre se convierte en el otro.

Es necesario tener conciencia de la conexión universal en la lucha, de la sintonía de los aparentemente contrarios y de la evolución de la sociedad.

La comprensión de todos esos fenómenos y de su interrelación, nos mostrará el verdadero camino. A partir de ese momento estaremos listos.

¿Quién ‘ganó’ el debate del #10A?

Por Willy McKey 12 de Abril, 2014

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer.
Y en este claroscuro es cuando surgen los monstruos”
Antonio Gramsci

1. ¿Cómo saber quién ganó? En semiología política, existen dos maneras para evaluar cuál de las partes de un debate resulta favorecida al terminar el proceso. La primera consiste en separar los momentos en los cuales cada una de las partes fue interpeladora y cuando fue interpelada, con el fin de evaluar si respondieron satisfactoriamente las preguntas del adversario o si sus preguntas afectaron la base discursiva del otro. La segunda consiste en determinar cada uno de los campos semánticos que se debatieron (temas; áreas de conocimiento; tópicos) y ver quién defendió su punto de vista de manera más eficaz y con datos de comprobación fáctica (es decir: con la verdad).

Si aplicáramos cualquiera de estas dos maneras de examinar el debate del #10A, sería difícil dar con un ganador aparente. Ambas fórmulas dependen de las respuestas emitidas durante el proceso dialogante y, además, no hay unas elecciones ni un proceso similar a continuación que permita confirmar los resultados del debate. Así que es necesario advertir que las herramientas básicas no bastarán para evaluar un proceso como éste.

2. Las singularidades. Las complicaciones son evidentes: mientras la parte opositora hizo una repartición de los argumentos que quería llevar al debate (una estrategia clásica, basada en ser-quien-pregunta para poder manejar el tempo del diálogo), la parte oficialista —que además fungió como moderadora— se refugió en una retórica que prefirió la fórmula de la reiteración (otra estrategia clásica, basada en ser-quien-convoca con la intención de que el lugar de enunciación del anfitrión baste para demostrar la buena intención, aunque no se debata).

El resultado, entonces, fue una dinámica que puede resumirse en una afirmación de contraste: mientras una de las partes llevó preguntas catalizadoras del debate, la otra se repitió a sí misma sin responder a esas preguntas ni moverse de su zona de confort discursiva.

Esta dinámica monótona (y prácticamente unidireccional) hizo que el contenido político de la arquitectura argumentativa de la oposición funcionara como los proyectiles de una catapulta: lanzados desde una distancia considerable, daban en el blanco sin que el afectado pudiera afirmar con veracidad desde dónde había sido atacado. Una alegoría similar al comportamiento de los representantes del PSUV sería la pasiva estrategia del foso: proteger con un área infranqueable las zonas vulnerables, controlando los accesos posibles a las zonas medulares.

Ambas estrategias tienen sus ventajas y sus desventajas: las catapultas sirven de poco luego de abrir los boquetes en las murallas y los fosos mantienen al enemigo a una distancia prudencial, pero también encierra a quienes se protegen.

3. ¿Cuál fue el eje discursivo oficialista? Una manera de anular las posibilidades argumentativas del adversario en un debate es limitarse a una sola exigencia. Y esta herramienta es mucho más eficaz si esa exigencia es simple, abstracta e imposible de concretar en el momento del debate. Un ejemplo: la exigencia de los debatientes del gobierno sobre un reconocimiento desde la oposición.

El debate

DIEGO BAUTISTA URBANEJA jueves 17 de abril de 2014

A varios días de la reunión sostenida en Miraflores entre el gobierno y la oposición, hay varios balances que se pueden hacer.

Al mismo día siguiente se sintió, creo yo, una sensación de satisfacción en el sector opositor. El desempeño de la representación de la MUD fue de alta calidad, con papeles muy bien distribuidos, y con un vigoroso mensaje crítico. Todo aquello de la foto, del show, de la lavada de cara al gobierno quedó en el cesto de la basura. Nadie podía sostener que aquello fue un show, que se lavó la cara al gobierno o que lo único que se fue a hacer allí fue sacarse una foto para las primeras planas.

Todo esto queda más de bulto cuando se compara con el bajo nivel de las intervenciones de la gente del oficialismo. Eso fue en verdad sorprendente. Para una comparecencia de ese tipo había que llevar lo mejor de lo que se disponía, y el oficialismo se presentó con unos cuantos batesquebraos, al lado de otros que eran de mejor nivel. No es seguro que el oficialismo tenga como alinear algo mejor de lo que llevaron, pero es difícil que no cuenten allí con nada superior a Eekhout o Pinto. El gobierno se vio inferior, y hasta pareció apabullado, y uno pensaría que la diferencia a favor de la oposición fue evidente para la gran mayoría.  Para decirlo todo, en estas cosas tan de juicios subjetivos uno nunca sabe: a lo mejor hay bastantes oficialistas que creen que el gobierno salió muy bien parado.

Amplio logro

Había un objetivo de gran valor para la oposición, que se logró ampliamente. Que el país de los partidarios del gobierno, y de los que sin serlo no están tampoco alineados en el campo opositor, vieran y oyeran a los dirigentes de la MUD en vivo y en directo, sin distorsiones ni anteojeras. Esto constituía un valor en sí mismo, que se logró plenamente.

La presentación de la oposición tuvo suficiente fuerza propia para poner en segundo lugar los cuestionamientos que algunas voces habían levantado contra esa reunión. No era necesario para ello entrar en una polémica directa con esos críticos. La MUD fue a lo que fue: a hacer una fuerte crítica al gobierno a los ojos de todo el país y a hacer una serie muy precisa de propuestas sobre cómo dar pasos que mejoren la calidad de la convivencia democrática entre los venezolanos. Ni se arrogó la MUD representaciones que no tenía, ni pretendió hablar en nombre de toda la oposición, e insistió especialmente en la necesidad de que el gobierno se siente aparte con el sector estudiantil, que tiene su propia identidad y su propio liderazgo. Del mismo modo, quedó claro para todos que esa reunión y las que deban venir no son de ninguna manera una forma de controlar o disuadir la protesta de los venezolanos. Esta tiene su propia dinámica y su propio fundamento. Es la incapacidad gubernamental en materia económica y en materia de seguridad lo que está en la base de esas manifestaciones y son las políticas del gobierno en esos  las que, si rectifican en lo necesario,  pueden hacer disminuir las protestas de la gente, no una reunión en Miraflores o unos acuerdos sobre materias tan precisas como aquellas que propone la MUD en estos primeros encuentros. Ciertamente que esta alianza opositora también urge al gobierno para que corrija sus errores en las materias mencionadas, pero esa materia va por ahora más allá de las propuestas hechas para una primera ronda de posibles decisiones.

Cuatro puntos

Ya la reunión tuvo lugar y tuvo sus resultados propios. La evaluación de quien ganó ese debate particular queda atrás y abierta a todos los gustos. Ahora queda por ver si lo allí dicho se traducirá en decisiones. Son cuatro cosas las que deben centrar los esfuerzos, en cuanto a las proposiciones de  la MUD concierne: ley de amnistía, desarme de los grupos oficialistas armados, comisión de la verdad independiente y creíble, elección de los titulares de los poderes públicos en la forma pautada en la Constitución de modo que produzca una poderes electoral y moral imparciales y confiables. Como se ve, en todas y cada una de esas cosas, todo depende de la voluntad gubernamental. Es él quien tiene la palabra. Los terceros presentes en  estas conversaciones tendrán un papel muy grande que jugar en cuanto a posibilitar acuerdos reales en torno a esos asuntos. Sería muy triste que este trabajado paso inicial que se dio el jueves pasado no diera frutos.


Via crucis con esperanza, Luis Ugalde


Por Luis Ugalde, 17/04/2014

En toda la historia venezolana no hay un documento episcopal con tanta visión socio-política y coraje evangélico como el del 2 de abril titulado “Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela”. El hecho de que algún clérigo fanatizado y servil al poder político lo haya atacado tan insensatamente no hace sino confirmar que los obispos expresan la pasión de decenas de millones de venezolanos.

El vía crucis está garantizado –queramos o no– por el desastre actual del que no saldremos sin asumir decididamente la cruz y la esperanza. No hay eufemismos, ni modales diplomáticos que puedan ocultar o suavizar nuestra tragedia nacional; ni agua bendita, ni yerbas milagrosas que curen al enfermo, sino que es urgente una operación quirúrgica de alto riesgo y necesidad. Ya el clamor (el de la calle y el silencioso y oculto) no solo es nacional, sino internacional. Gran parte de la conducción política opositora se muestra dispuesta a sentarse, pero exige la libertad primordial de estudiantes y una agenda para el logro de una ley de amnistía política para presos y exiliados, una verdadera (no disfraz carnavalesco) comisión de la verdad sobre los crímenes cometidos en estos dos meses de protestas, un restablecimiento de la Constitución en los poderes públicos (por ejemplo un CNE con cinco árbitros que no sean partidistas sometidos al Ejecutivo) y el desarme con verificación internacional de las bandas armadasparapoliciales. ¿No parece imposible que el gobierno acceda? Por supuesto, pero la historia avanza con la conquista de imposibles.

La mayoría de la población, quiere que la Santa Sede y algunos países latinoamericanos ayuden a que las partes se sientan a negociar, escuchando el clamor de la gente que sufre la inseguridad violenta, el desabastecimiento creciente, la inflación salteadora de los salarios, la falta de inversiones, de empresas y de trabajo digno, y la violación desde el poder de la Constitución y de los derechos humanos con prácticas violentas dictatoriales. Razón tienen los obispos al decir que el “Plan de la Patria” (modelado por el fracaso cubano con medio siglo de totalitarismo), que el partido-Estado trata de imponer, no es la solución sino “causa fundamental de la actual crisis”. Volvamos a la Constitución (n.2 y 3).

Esto y no menos es lo que hay en la protesta estudiantil y es exigencia básica de la MUD para sentarse a negociar soluciones. Los protestantes saben que por el actual camino no hay futuro, ni para ellos ni para el país; tampoco en la vuelta al pasado ni en la continuidad actual. Hay que reconstruir desde los cimientos la democracia, con reconocimientos de unos y otros y una economía con política social que vaya a la raíz de la pobreza, no para disfrazarla con palabras y dádivas, sino para cambiarla.

Este Vía crucis es doloroso y está lleno de atropellos, asesinatos, presos y exiliados, pero hay que asumirlo y recorrerlo, cuidando que las pasiones no se desborden hasta la locura de pedir a Pilato contra el justo Jesús: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Queremos que sueltes al criminal Barrabás. El primer instinto es crucificar al otro, mientras nosotros en nada debemos ceder, ni cambiar; lo que inevitablemente condena al inocente y bloquea toda forma de negociación y acuerdo, imprescindibles para construir juntos las salidas inclusivas de todo el país. Por el contrario, los obispos dicen que, más allá de la rabia, hay que poner Espíritu y racionalidad:

-“El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza” (n.8).

-Llaman a todos al diálogo para “poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento y la reconciliación” (9).

-Es necesario “responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes, sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia” (10). Sin justicia no habrá paz y si no asumimos la responsabilidad de la República en las instituciones y en la calle, no habrá futuro democrático para Venezuela (n. 10).

-Nos llaman a los católicos “a ofrecer a Dios el ayuno del próximo Viernes Santo en solidaridad con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual” (n. 12).

¿A qué ayuno se refieren? Al que exigen los profetas de Israel cuando denuncian la religiosidad vacía de prójimo. El profeta Isaías rechaza en nombre de Dios los ayunos externos, inciensos, y sacrificios rituales si son para barnizar conductas inicuas. “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no despreocuparte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como aurora… Entonces llamarás al Señor y te responderá” (Is.58, 5-9).

jueves, 17 de abril de 2014

Transición o anarquía, Eddie Ramirez



Por Eddie Ramírez, 15/04/2014

Gobierno y oposición están entrampados. Aunque el régimen y parte de la oposición piensen que tienen suficientes fortalezas para salir sin la ayuda del otro, esto no parece viable. Desde el 12 de febrero Maduro pierde aceleradamente la popularidad heredada y su imagen internacional está deteriorada. Sin embargo, todavía cuenta con las poderosas herramientas del poder. Por su parte la oposición no se ha doblegado pero no acuerda una estrategia común. Los valientes estudiantes alborotaron el cotarro y lograron apoyo de gran parte de los ciudadanos de a pie. La percepción es que el gobierno todavía tiene oxígeno, aunque se le está agotando, y que la oposición ha adquirido más fuerza, pero quizá no la suficiente para imponer un cambio drástico, salvo el imponderable de un cisne negro o verde oliva.

El gobierno tiene la fortaleza de contar con los sumisos Poderes del Estado y, aparentemente, con apoyo de la Fuerza Armada. Esto último puede ser controversial, pero hay que considerar que el Alto Mando le es incondicional, las nuevas promociones han estado sometidas a un constante bombardeo ideológico, los anteriormente sargentos técnicos ahora son oficiales por lo que deben estar agradecidos y los soldados no son los mismos ignorantes muchachos del campo de antes, se les ha sembrado la ideología revolucionaria y pueden tomar partido. Aunque nunca se sabe, por aquello de que ¨los militares son leales hasta que se alzan¨. La debilidad del régimen es la situación económica, la cual terminará produciendo un estallido social y, además, que se enfrenta a una sociedad que no se doblega y a la heroica resistencia de los estudiantes.

La oposición tiene la fortaleza de ser mayoría, aunque no aplastante. Además, en quince años de lucha democrática no ha bajado la guardia y se ha enfrentado al régimen con todas las herramientas a su disposición. Su debilidad es que la dirigencia está clara en que hay que salir del régimen, pero difiere en el cómo y en el cuándo y que todavía no le llega a los estratos D y E. Además, se perciben luchas por el liderazgo.

La amenaza es que aumente la violencia por parte de paramilitares rojos que eventualmente se volverán incontrolables y que se produzca un gran estallido social por la escasez, alto costo de la vida y la inseguridad. Si los rojos sensatos, que debe haberlos, quieren sobrevivir deberían pactar una transición. Para convencerlos la protesta en la calle debe intensificarse, pero también una negociación firme de parte nuestra. Los puntos que la MUD ha asomado están todos dentro de la Constitución. El régimen debe sopesar si prefiere derrumbarse a mediano plazo por un malestar generalizado o si le conviene pactar una transición olvidándose de su idea de imponer un castrocomunismo. Esa transición pasa por elegir poderes públicos independientes, decretar una amnistía, realizar elecciones acordando la no reelección y un programa mínimo de gobierno. No será fácil, pero si queremos evitar la anarquía y salvar la República no hay otro camino.

Como en botica: Felicitaciones a los representantes de la MUD que expusieron con contundencia las violaciones a la Constitución por parte del régimen. Seguramente este no cederá en las peticiones fundamentales, pero quedará mal parado. ¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!


Eddie Ramírez
eddiearamirez@hotmail.com

El diálogo en Venezuela, desde una mirada cubana, @YoaniSanchez


Por Yoani Sanchez, 14/04/2014

El diálogo entre la oposición venezolana y Nicolás Maduro está en pleno desarrollo. Sus críticos son muchos, su perdedor más visible: el gobierno cubano. Para un sistema que en más de medio siglo ha descalificado y reprimido a su disidencia, esa mesa de conversación debe resultar un doloroso reconocimiento de su propia incapacidad.

Los atónitos televidentes cubanos, pudimos ver el pasado jueves un debate entre parte de las fuerzas opositoras en Venezuela y los representantes oficialistas. El polémico encuentro fue transmitido por el canal TeleSur, que se ha caracterizado por su tendencia a respaldar informativamente la labor del chavismo. En esta ocasión, sin embargo, se vio obligado a emitir también las preocupaciones y argumentos de la contraparte.

El requisito de que las cámaras y micrófonos estuvieran presentes en la discusión, ha resultado por sí mismo una magnífica jugada política de los adversarios de Maduro. De esa manera se implica a los espectadores en el diálogo y resulta más difícil publicar versiones tergiversadas a posteriori. Los participantes de ambos bandos contaban con diez minutos de exposición para cada uno, ejercicio de síntesis que el presidente Venezolano, claro está, no pudo lograr.

Para los desinformados cubanos, lo primero que saltó a la vista fue el alto nivel de argumentos que la oposición llevó a la mesa. Cifras, estadísticas y ejemplos concretos quedaron expuestos dentro de un marco de respeto. Al otro día el comentario más repetido en las calles habaneras era la popular frase de “barrieron el piso con Maduro”. Una clara alusión a las apabullantes críticas que le hicieron sus rivales. El oficialismo, sin embargo, se notaba apocado, temeroso y con un discurso plagado de consignas.

Trago amargo sin dudas, ha sido esta mesa de diálogo para quienes hasta unas horas antes acusaban de “fascistas” y “enemigos de la patria” a sus contrincantes políticos. Ya Venezuela no volverá a ser la misma, aunque mañana la mesa de negociaciones termine sin acuerdos y Nicolás Maduro vuelva a tomar el micrófono para repartir insultos a diestra y siniestra. Ha accedido a discutir y eso marca una distancia entre el camino recorrido por la Plaza de la Revolución y este otro que recién comienza para Miraflores.

¿Y en Cuba? ¿Es posible algo así?

Mientras discurría la transmisión del diálogo venezolano, muchos nos preguntábamos si algo similar podría ocurrir en nuestro escenario político. Aunque la prensa oficial muestra estas conversaciones como una señal de fortaleza por parte del chavismo, también ha tomado la suficiente distancia, para que no nos hagamos ilusiones de posibles versiones a la cubana.

Es menos quimérico imaginar a Raúl Castro tomando un avión y escapando del país, que proyectarlo sentado a la mesa con esos a los que llama contrarrevolucionarios. Durante más de cinco décadas, tanto él como su hermano, se han dedicado a satanizar las voces disidentes, de ahí que ahora se vean impedidos de aceptar una conversación con sus críticos. El peligro que entraña la imposibilidad de una negociación, es que apenas deja el camino del derrocamiento con su consiguiente estela de caos y violencia.

Sin embargo, no sólo las figuras principales del régimen cubano se muestran reacias a cualquier mesa de negociación. La mayor parte de la oposición de la Isla no quiere ni escuchar hablar del tema. Ante ese doble rechazo, la agenda de una quimérica reunión tampoco logra ganar cuerpo. Los partidos opositores no acaban de confluir en un proyecto de país que pueda defenderse con coherencia en cualquier negociación y quedar como una alternativa viable. Los miembros de la emergente sociedad civil tenemos razones para sentirnos preocupados por ello. ¿Están preparados los políticos que hoy operan en la ilegalidad para sostener un debate y ser capaz de convencer a la audiencia? ¿Podrán representarnos dignamente llegado el momento?

La respuesta a esta pregunta sólo se sabrá una vez surgida la oportunidad. Hasta ahora la disidencia política cubana se ha concentrado más en derrocar que en elaborar estrategias para fundar, la mayor parte de sus energías ha estado encaminada a oponerse al partido gobernante y no en persuadir a sus potenciales seguidores dentro de la población. Ante las limitaciones para difundir sus programas y las tantas restricciones materiales que padecen, estos grupos no han podido llevar su mensaje a un número significativo de cubanos. No es responsabilidad total de ellos, pero deben estar conscientes de que esas deficiencias los lastran.

Si mañana mismo la mesa para un diálogo estuviera lista, resultaría poco probable que escuchemos un discurso tan bien articulado en la oposición cubana como el logrado por sus colegas venezolanos. Sin embargo, aunque la negociación no se presente ahora como una posibilidad, nadie debe quedar eximido de prepararse para ella. Cuba necesita que ante esos posibles micrófonos estén quienes mejor representen los intereses de la nación, sus preocupaciones, sus sueños. Que puedan hablar por nosotros los ciudadanos, pero que lo hagan –por favor- con coherencia, sin violencia verbal y con argumentos que nos convenzan.

http://lageneraciony.com/dialogo-venezuela-desde-una-mirada-cubana/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=dialogo-venezuela-desde-una-mirada-cubana

Reflexiones del #11A, 12 años después, @HimiobSantome y @AlfredoRomero



LAS EMINENCIAS GRISES DE AMÉRICA LATINA

Fernando Mires 14 de abril de 2014

Desde que el Cardenal Richelieu, encargado de los Asuntos de Estado de Luis Xlll -conocido por su indumentaria como la “eminencia roja”- en un rapto de buen humor denominara a su consejero personal, el buen “Padre José”, como “eminencia gris”, el término ha hecho una notable carrera en las ciencias políticas.

Eminencias grises son denominados todos aquellos políticos que manejan desde las sombras los hilos ocultos del poder.

Hecho sorprendente es que aún desde la segunda mitad del siglo XX, incluso en el XXl, cuando las tendencias generales apuntaban hacia la democracia, eminencias grises continúan guarecidas al interior de diferentes estados latinoamericanos. Signo evidente de la precariedad política que caracteriza a la región.

La eminencia gris que más tiempo se ha sostenido es Raúl Castro. Ya en la lucha guerrillera Raúl se atrincheró en los aparatos secretos del poder. Antes de que Fidel declarara su adhesión al comunismo, Raúl mantenía contactos con el agente de la KGB Niklai Leonov. Después, bajo su dirección, tuvieron lugar las purgas que permitirían a Fidel el acceso al poder. Fue, además, principal ejecutor en la destrucción de los sindicatos obreros.

Aunque ocupó diversos ministerios, entre otros los del Interior, Defensa, Cultura y Salud, Raúl controló siempre el aparato represivo. Prácticamente no hubo asesinato, prisión, destierro, torturas, y otras atrocidades, que hubieran sido realizadas sin su conocimiento. En cierto modo llegó a ser la versión cubana de Beria, el siniestro comisario encargado de los aparatos de represión de Stalin: Un “mini-Beria”, eso sí.

Después del declive biológico de Fidel, Raúl, en tanto propietario del poder fáctico ocuparía el poder formal. Pero como Jefe de Estado ha gobernado bajo el aúrea de Fidel, es decir, si Fidel muere, Raúl seguirá siendo su eminencia gris. Es su destino.

Escondido también bajo el fulgor populista de un líder moribundo, un sombrío Ministro de Bienestar Social argentino, José López Rega, llegó a dominar por un corto tiempo los destinos de su país (1973-1975).

La influencia del “Rasputín porteño” sobre el enfermo presidente llegó a ser enorme. Más grande fue la que ejerció sobre la viuda María Estela Martinez (Isabel). No solo compartieron ambos intensas aficiones espiritistas. López Rega se constituyó, además, en el mandatario de facto de la nación. Él, por ejemplo, fue quien fundó la triple A, organización paramilitar destinada a aniquilar al ala izquierda del peronismo. En más de algún sentido la dictadura militar comenzó desde los más oscuros rincones del peronismo, allí donde reinaba sin contrapeso López Rega, conocido como  el “Brujo”.

Muy parecido al lugar que ocupó López Rega durante Isabel Perón fue el que correspondió a Vladimiro Montesinos en la era de Alberto Fujimori en Perú.

Al igual que Raúl Castro y López Rega, Montesinos estuvo encargado de los Servicios de Inteligencia. Así como López Rega, quien fundó la triple A, Montesinos manejaba el siniestro Grupo Colina desde donde desató un terrorismo para-militar de Estado. Así como López Rega fue amigo íntimo de Isabel, Montesinos fue hombre de confianza de Fujimori. Y no por último, así como López Rega fue un corrupto, Montesinos amasó desde el gobierno una considerable fortuna. En ese último punto superó a López Rega.

Quien parece seguir hoy la ruta trazada por Raúl, López Rega y Montesinos, es el capitán venezolano Diosdado Cabello quien es "por ahora" la eminencia gris del gobierno de Maduro.

La inescrupulosidad de Cabello en el manejo de los poderes fácticos no tiene nada que envidiar a la de sus precursores de Argentina y Perú. Además, ha convertido a la Asamblea Nacional en un "campo de concentración" (Borges) donde en lugar de deliberaciones tienen lugar agresiones verbales y físicas en contra de la oposición. Y si la mitad de las acusaciones en contra suya (incluyendo las del chavista Mario Silva y las del mismo Chávez en cadena nacional) fueran ciertas, Cabello sería la síntesis perfecta de Raúl Castro, López Rega y Montesinos.

Si alguna vez Cabello llega a ejercer directamente el gobierno, no será por vías democráticas. Pues en un solo punto están de acuerdo todas las encuestas: Cabello es el personaje más detestado del país. Sin embargo, lo que él no posee en poder formal lo compensa con su audacia. Tanto la prisión ilegal de Leopoldo López, como la destitución ilegal de María Corina Machado, llevan los signos de Cabello. El para-militarismo que asola al país, también.

Pero no todas las eminencias grises ensucian sus manos con prácticas represivas ni se enriquecen a costa del erario. En Bolivia existe una versión más elegante: Alvaro García Linera, el Vicepresidente, no controla los aparatos de represión sino los ideológicos. Esa es la razón por la cual sus escritos adquieren el carácter de doctrina oficial de estado. Así, Morales, a diferencia de Chávez -quien no tenía a ningún segundo, solo a segundones- ha consagrado a García Linera como su eminencia gris intelectual.

Ex ideólogo de las guerrillas cataristas, García Linera parece haber realizado la utopía platónica relativa al ejercicio directo del poder por parte de los intelectuales. Pero en verdad ha sucedido lo contrario; su innegable intelecto ha sido sometido por el poder. Porque García Linera construye sus ideologías de acuerdo a lo que ya ha decidido el gobierno. Por ejemplo, si Morales necesita el apoyo electoral de los campesinos indígenas, él escribirá sobre el Estado-plurinacional. Si el MAS gana elecciones, escribirá sobre la toma del poder por el bloque indígena-plebeyo. Si  hay que dar al gobierno un barniz marxista, rebuscará en los textos de Marx frases sueltas para construir un “marxismo-etnológico”. Si el régimen busca la elección indefinida, él escribirá sobre el “Estado integral-gramsciano”; y así sucesivamente.

Llegará el día en que las llamadas eminencias grises, en todas sus formas, represivas o ideológicas, desaparecerán de los escenarios políticos. Ese día la política será cosa pública. Pero de ese día todavía estamos lejos.

Por ahora solo hemos de conformarnos con que las eminencias grises sean algo más eminentes y menos grises de lo que en realidad son.


Un solo objetivo: limitar el poder

Por Carlos D. Mesa Gisbert 13 de abril de 2014
El autor fue presidente de la República de Bolivia.
@carlosdmesag

La idea más peligrosa en la construcción de un espacio de poder es aquella que propone que la política es el arte de los resultados. Idea que se ha consagrado a través de la historia a partir de un juicio en torno a los ganadores y los perdedores. Es vieja y verdadera aquella premisa que indica que la historia la escriben los vencedores. Vencen quienes logran el triunfo en la guerra, quienes imponen sus ideas, sea porque han obtenido la mayoría en el voto, sea porque han capturado el poder por la violencia. No, no se trata sólo de resultados, se trata también de principios.

En todo caso, es del poder de lo que se trata. Es de la pulsión esencial de los humanos, el dominio, el control, la capacidad de mandar a los demás que no es otra cosa que la definición de los espacios de control en la comunidad. Un grupo organizado, parece, no puede funcionar sin alguien que conduzca, que tome la iniciativa, que guíe, que sea capaz de definir el camino y atravesarlo al mando de los suyos.

Se asume que una sociedad deja de ser primitiva en el momento en que estructura sus jerarquías y sus estamentos, en el instante en que decide, sea por voluntad, sea por la “natural” superioridad de unos sobre otros, armar el andamiaje de un orden cuya pervivencia depende de reglas y de responsabilidades diferenciadas.

Es el viejo debate entre quienes están convencidos de que no hay posibilidad de vida en común sin orden y reglas aceptadas por todos y quienes, aferrados a la gran utopía del igualitarismo, reivindican que la construcción de castas y niveles de decisión traducidas en la imposición o la elección de un jefe, acaba siempre en la discrecionalidad y la concentración perversa de todos los poderes en una sola persona o en un núcleo muy pequeño de personas.

El gran invento del republicanismo fue, aceptando la necesidad de la configuración de un poder imprescindible para el gobierno, garantizar el buen gobierno a partir de una premisa muy sencilla, la moderación de ese poder. La definición de unas reglas, su desarrollo en blanco y negro a través de una carta constitutiva, no hacia otra cosa que decir que la razón de ser  de una Constitución no es su carácter reglamentario o administrativo, no es –a pesar de su innegable importancia– referir los derechos y deberes de los ciudadanos. Lo esencial, lo verdaderamente relevante de todo es limitar el poder. La Constitución existe para limitar el poder. La experiencia de la historia y la evidencia ya citada de la naturaleza de los seres humanos, ha probado hasta la saciedad que la tendencia es siempre, sin excepciones, concentrar el poder. La coartada fue durante milenios la idea de que la soberanía anclada en una persona tenía que ver con un mandato divino o con la encarnación de la divinidad misma. El matrimonio entre poder espiritual y poder mundano permitió a los reyes (o Incas o Tlatoanis), amparados en su vínculo con Dios, ejercer el poder de modo absoluto y discrecional.

Cuando finalmente se impuso la idea de que esa concentración era inevitablemente corruptora del alma del gobernante y sus áulicos, se dio el salto histórico más importante en la política universal. Se separó con claridad tres roles esenciales del gobierno: la administración, la legislación y la justicia. Quien administra no redacta las leyes que hacen posible la gestión y no juzga ni emite sentencia sobre quienes vulneran la ley.

De ese modo, la limitación del poder es el alfa y el omega de un sistema democrático republicano.

Por eso, cuando se hace una reflexión sobre el estado de derecho, es imprescindible entender que la esencia democrática de un gobierno tiene tres etapas. La primera es la legitimidad de origen, el voto transparente y libre de los ciudadanos que elige al servidor público. La segunda es la legitimidad de ejercicio, un mandatario que respeta las reglas del juego, cuya garantía está en la observancia de una regla muy simple pero definitiva, el meticuloso respeto a la independencia de poderes. En esa regla se resume la diferencia entre el ejercicio democrático y el ejercicio autoritario. La tercera es la legitimidad de objetivos, tiene que ver con un poder que se basa en el pluralismo y la alternancia en el mando. Otra premisa de oro. Igual que la concentración del poder corrompe al poderoso, la permanencia indefinida en el poder lo corrompe igualmente.
No se puede pasar por alto que el camino de la democracia no se puede parcelar, es imprescindible comprender que las tres etapas que definen a un gobierno como democrático están íntimamente ligadas entre sí y no son partes que puedan separarse. El espíritu democrático del gobernante se prueba en la totalidad del camino, no sólo en su inicio, o en su tránsito, o en su desenlace, sino en los tres juntos y sucesivos. Por todas esas razones es que no es muy difícil percibir el verdadero espíritu de aquel servidor público que se arroga una legitimidad que niega en la práctica cotidiana. Algo más, la posibilidad de reproducir el poder a través del voto, en estos casos, está basada en el ejercicio de la discrecionalidad al romper la legitimidad de ejercicio. ¿Cómo? Muy simple; campaña desde el gobierno, prebendalismo para hacer crecer al partido oficial, ninguna posibilidad para el ejercicio del pluralismo político, uso de la aplanadora legislativa, y control directo sobre el poder judicial con la aplicación de ese poder para acosar a la oposición bajo el disfraz de la búsqueda de justicia y transparencia...

Si no es una verdad incuestionable que nuestra máxima ley sirve para limitar el poder, toda su normativa se hunde irremediablemente en un naufragio dramático. Sin su capacidad para limitar el poder, nuestra democracia quedara así anclada en el lodo de la corrupción del alma y del cuerpo colectivo.


LOS CINCO PARTIDOS DE LA REALIDAD VENEZOLANA

Fernando Mires 16 de abril de 2014

Cuando hablamos de partidos políticos hay dos posibilidades. O nos referimos a las organizaciones nominales, por muy insignificantes que sean, o a las “partes” en las cuales se encuentra dividido el espectro político. No siempre, ni siquiera en las democracias avanzadas, lo uno coincide con lo otro.

En los EE UU por ejemplo, hay demócratas más conservadores que los republicanos; y viceversa. En Alemania hay socialcristianos más sociales que los socialistas; y así sucesivamente. Hay países en que las partes son más que los partidos y otros en los cuales los partidos son más que las partes. En el caso de Venezuela las partes son evidentemente menos que los partidos inscritos. ¿Cuántos partidos-partes hay en Venezuela? Ese es el tema que tratará de dilucidar este texto.

En Venezuela hay aparentemente solo dos partidos-partes: El chavismo y el antichavismo. Partiendo de esa premisa casi todos los comentaristas nos hablan de una sociedad altamente polarizada. Pero, como suele suceder, las apariencias engañan. La verdad es otra: en Venezuela no hay ninguna organización o persona que durante un periodo no electoral esté en condiciones de representar a esas dos supuestas partes. La razón es obvia pero no visible: en ese país hay dos frentes, pero hay más de dos partes políticas.

Alguna vez habrá que llegar a la conclusión de que la política de Venezuela no sólo está dividida, lo que es normal, sino, además, fragmentada, lo que es aún más normal

Vía Crucis del venezolano

MARÍA DENISSE FANIANOS DE CAPRILES miércoles 16 de abril de 2014


I Estación: Estamos como condenados a muerte. No necesitamos una sentencia formal para saber que en cualquier momento cada uno de nosotros, o aún peor un hijo o un nieto, podemos morir en la calle por culpa de la delincuencia o de la represión. Sólo Dios nos protege.

II Estación: Cargando esa cruz de muerte, y de una gran lista de injusticias producto de la corrupción, caminamos nuestro calvario del día a día... el de la comida, de las medicinas, de la inflación, de los colapsados servicios públicos...

III Estación: Cansados de tantos problemas nos caemos. Pero nos paramos ¡y seguimos! porque sabemos que somos hijos de Dios y que Él nos ayuda en nuestra lucha. Sabemos que otros dependen de nosotros, que tenemos que ser fuertes y resistir hasta el final.

IV Estación: Cuántas madres venezolanas no han visto en su hijo injustamente apresado, maltratado, asesinado... a nuestro amado Jesucristo. No hay dolor como el de la Virgen. Ella entiende el sufrimiento de cada madre venezolana y también sufre con las atrocidades que se cometen con sus hijos venezolanos.

V Estación: Una de las cosas que más nos ayuda a cargar esa enorme cruz de injusticias es que aquí hay muchos cirineos, que nos apoyamos y animamos cuando creemos que no podremos más. Ese cirineo venezolano que nos hacer reír con un chiste, que nos presta su hombro para llorar, que nos da un cafecito, que reza con nosotros y por nosotros...

VI Estación: Aquí también hay muchas Verónicas que ayudan a limpiar los rostros de sudor, de lágrimas, de sangre... Muchas Verónicas que no voltean hacia otro lado sino que son capaces de arriesgarse y comprometerse por ayudar para que brille la verdad, la justicia y la paz en nuestro país.

VII Estación: La cruz cada día, cada hora, cada minuto... pesa más. No vemos salida a tanta mentira, a tanta injusticia. Sentimos una gran impotencia. Y volvemos a caer. Pero a nuestro alrededor hay tantos niños, tantos jóvenes ejemplares, que nos animan a seguir con esperanza ¡Y nos volvemos a parar!

VIII Estación: Muchos lloramos al ver la descarada corrupción que destroza nuestro país. Pero sabemos que hay un cielo que espera por sus hijos fieles y un infierno donde se pagará todo el mal que se ha hecho. Eso nos ayuda a secar las lágrimas y a seguir.

IX Estación: Volvemos a caer exhaustos de cansancio. Ahora si pensamos que "ya no podemos más", pero Dios nos saca una fuerza de donde nunca pensábamos tenerla y nos volvemos a parar. Este calvario nos ha hecho muy fuertes y lo seguiremos hasta que Dios quiera. Él nos está ayudando a cargar la cruz, aunque no lo veamos.

X Estación: Qué duro es que nos vayan despojando de lo que nos ha costado tanto esfuerzo... Todo lo material nos lo podrán quitar. Pero de lo único que no nos podrán despojar nunca es de nuestra libertad interior y de nuestra dignidad. Esa dignidad que no tiene precio y que no la podrán tener nunca aquéllos que se dejaron comprar.

XI Estación: Somos clavados en la cruz, con los clavos de la injusticia, de la mentira, del odio, de la violencia... Estamos colgados en la cruz, como nuestro amado Jesucristo, porque Dios quiere algo grande de nosotros. Esos clavos duelen mucho, pero Cristo y su verdad son nuestra esperanza.

XII Estación: No sabemos cuánto tiempo de agonía tendremos que soportar. Pero vemos a Cristo, quien siendo Dios, no se bajó de la cruz. ¡Podía hacerlo y no lo hizo! Seguiremos aquí defendiendo la verdad por encima de todo. Y lo hacemos pensando en lo que vendrá después. Cristo también pensaba en lo que vendría, en su Resurrección. Cristo murió por cada uno de nosotros, para salvarnos, porque nos ama con locura. Nosotros "moriremos" por Dios y por nuestra patria, a la que también amamos.

XIII Estación: Así como a Jesús lo ponen en los brazos de su madre, nosotros nos ponemos en sus brazos. Madre Nuestra, ¡cúbrenos con tu manto y ayúdanos a seguir en este valle de lágrimas, con alegría y fortaleza!

XIV Estación: Cada muerto asesinado en nuestra tierra nos recuerda a Cristo. Esas vidas sepultadas, que han causado un dolor infinito a tantas madres, padres, familiares y amigos son la sangre derramada producto del olvido de Dios. Son un grito a nuestra vida, que aún la tenemos, para meter a Dios en nuestro corazón y para llevarlo a todas partes. Esa sangre derramada se convertirá en río de esperanza, si no dejamos que nuestro corazón se llene de odio y rencor ¡Si llevamos el Amor de Dios a Todos!

XV Estación: Y Jesucristo resucitó. ¡Cristo vive entre nosotros! ¡Está con nosotros en el sagrario! Él y Su Santísima Madre nos acompañan en este Vía Crucis de dolor pero también de esperanza, porque sabemos que el calvario que tenemos que caminar para recuperar la verdad, la justicia, la libertad y la paz no es en vano. ¡Dios está con nosotros y a nada vamos a temer! ¡Dios ama con locura a sus hijos venezolanos y nos está ayudando! ¡Vendrá un nuevo amanecer y el bien triunfará sobre el mal!

Tomado de:
http://www.eluniversal.com/opinion/140416/via-crucis-del-venezolano

miércoles, 16 de abril de 2014

Diálogo de sordos, pero no mudos

PAULINA GAMUS 11 ABR 2014

El inicio de las protestas universitarias en el estado Táchira, al oeste de Venezuela y fronterizo con Colombia, fue casi coincidente en el tiempo con el llamado para salir a la calle que hicieran los dirigentes Leopoldo López y María Corina Machado bajo el lema “La Salida Ya”. Cuando las manifestaciones y protestas se extendieron por todo el país y reclutaron a ciudadanos de distintos sectores sociales y con diferentes maneras de manifestar su indignación, fue fácil para el gobierno culpar a los ya mencionados líderes de ser los instigadores de esas protestas. Sin que ello fuese cierto, Leopoldo López está hoy en prisión y María Corina Machado ha sido despojada de su investidura parlamentaria. En ambos casos la Constitución y las leyes han sido pisoteadas por una Asamblea Nacional y un poder judicial que son brazos ejecutores de las órdenes que emanan de la presidencia. Así fue en tiempos de Hugo Chávez y así es con Nicolás Maduro.

No cabe duda que las protestas que se iniciaron el 12 de febrero y continúan hasta estos días de abril, han sido lideradas por los estudiantes de distintas universidades del país que han asombrado a todos con su valentía y creatividad. Pero nadie ha podido evitar que, al mismo tiempo, se soltaran los demonios del radicalismo y de la irracionalidad. No se trata solo de las llamadas guarimbas que generalmente afectan a vecinos que comparten los sentimientos anti gobierno de los “guarimberos”, sino de una campaña de descrédito en contra de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y de Henrique Capriles Radonski, actual gobernador del Estado Miranda, quien hace apenas un año obtuvo más de 7 millones de votos y muy probablemente ganó las elecciones a Nicolás Maduro. Cuando se le recuerda este hecho a sus detractores de hoy, que entonces votaron por él, la respuesta casi unánime es: “ganó, pero no cobró”. Cobrar significaba convocar a sus votantes a salir a la calle para ser masacrados por la Guardia Nacional bolivariana y los grupos paramilitares del chavomadurismo, cuya manera de administrar la violencia ha sido suficientemente mostrada en estas últimas semanas de marchas y protestas pacíficas. Las críticas destructivas se extienden a la MUD, la misma entidad que logró reunir y poner de acuerdo a diecisiete o más agrupaciones políticas y organizar unas impecables primarias en 2012 para seleccionar al candidato que debía competir con Hugo Chávez Frías en las elecciones presidenciales de octubre de ese año, y a los candidatos a diputados, gobernadores y alcaldes. Lo que fue una tarea titánica, un esfuerzo ciclópeo si tomamos en cuenta la cantidad de intereses y ambiciones en juego, hoy carece de importancia para un sector de la oposición que ha retornado a la antipolítica como su deporte predilecto y que prefiere olvidar el espinoso camino transitado hasta lograr la unidad de las fuerzas opositoras, la que permitió que después de catorce años el chavismo resultara derrotable.

Es en medio de este escenario de descalificaciones de distinta índole y acusaciones de traición y colaboracionismo, que se produce un ensayo de diálogo entre el gobierno de Maduro, los cancilleres de Colombia, Brasil y Ecuador, un delegado de El Vaticano y la oposición representada por el único ente que aún goza de legitimidad representativa, la MUD. Ramón Guillermo Aveledo, su secretario ejecutivo, ha dejado muy claras las condiciones para que el diálogo prospere: amnistía para todos los presos políticos incluido, por supuesto, Leopoldo López, el sobreseimiento de todas las causas iniciadas con motivo de las protestas estudiantiles y vecinales, el desarme de los grupos paramilitares del gobierno, el retorno al país de los exiliados y la pronta designación de los poderes públicos que tienen sus lapsos vencidos, en condiciones que garanticen su autonomía. ¿Son tan ingenuos Aveledo y los otros dirigentes que han aceptado participar en el diálogo, para creer que el gobierno va a complacer tales exigencias? ¿Puede alguien imaginar a Maduro y a la mafia gubernamental admitiendo que el Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral sean integrados por personas independientes? Sería el principio del fin -un fin rapidísimo- del régimen socialista del siglo XXI inspirado en el estalinismo del siglo XX. ¿Van a liberar al Comisario Iván Simonovis y a los otros funcionarios policiales condenados a 30 años de presidio por las muertes de 17 personas en los sucesos del 11 de abril de 2002? Sería reconocer que esos asesinatos los cometieron pistoleros chavistas identificados en multitud de videos y fotografías.

El debate en torno a si la MUD, Henrique Capriles, el gobernador de Lara, Henri Falcón y otros líderes opositores deberían sentarse a dialogar con el gobierno, recuerda el viejo chiste del hombre que encuentra una lámpara oxidada en la playa, la frota y aparece un Genio que dice lo normal en estos casos: ¡Me has liberado, pídeme un deseo! El hombre le pide un puente que le permita viajar en automóvil desde Caracas a París. El Genio le responde que eso es algo imposible hasta para él, que le pida algo más fácil. El liberador cambia su petición porque se logre la paz definitiva entre palestinos e israelíes. Entonces el Genio le dice ¿de cuántos canales quieres el puente?

Son incontables las reuniones y conversaciones de paz entre palestinos e israelíes, se repiten una y otra vez y todas fracasan porque los primeros se niegan a reconocer la existencia del Estado de Israel y los segundos jamás admitirán el desmembramiento de su país para regresar a la situación anterior a 1948. Sin embargo, se seguirán reuniendo y dialogando una y cien veces más y quizá algún día la paz sea más fácil que construir el puente. Los radicales de la oposición venezolana empeñados en la autodestrucción, deberían entender que los diálogos de paz se hacen entre enemigos y que la única manera de dialogar es sentarse unos con otros aunque sea con el pañuelo en la nariz. Quizá, el regaño de Lula Da Silva al obtuso Maduro por su manifiesta ineptitud y el derrumbe del gobierno en todas las encuestas, hagan el milagro de lograr, al menos, la libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados.


La verdadera amenaza a la democracia en Venezuela

DAVID WILKINSON 16 ABR 2014

Daniel Wilkinson es subdirector para las Américas de Human Rights Watch. Este artículo fue publicado en inglés por el New York Review of Books.

Para que se produzca un diálogo genuino, el Gobierno deberá dejar atrás las tácticas autoritarias que ha estado empleando para dirigir el país

Recientemente, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, publicó una columna de opinión en el periódico The New York Times en un intento por contrarrestar la cobertura desfavorable que ha recibido su Gobierno en la prensa tras la represión de múltiples protestas en los dos últimos meses. Acusó a los medios internacionales de haber “distorsionado la realidad” de Venezuela al describir las protestas como pacíficas y a la democracia del país como “deficiente”. Sin embargo, las medidas que adoptó para responder a las protestas en el país demostraron que las deficiencias de la democracia venezolana son absolutamente palpables. No sólo las fuerzas de seguridad han cometido abusos contra manifestantes que no estaban armados, sino que además su Gobierno ha censurado la transmisión informativa de las manifestaciones y encarcelado a un dirigente opositor que apoyó las movilizaciones.

El presidente Maduro ha enfrentado dificultades importantes desde que triunfó por una ajustada diferencia en las elecciones presidenciales celebradas hace un año. Fiel discípulo de Hugo Chávez, fallecido en marzo pasado, Maduro heredó el apoyo de cerca de la mitad de los votantes del país, muchos de los cuales se han beneficiado con los programas sociales gestionados por el Gobierno durante la última década. Pero también heredó una de las tasas de homicidio más altas del mundo y una economía que atraviesa serios problemas, con un índice de inflación que el año pasado sobrepasó el 56%, al cual se agrega una escasez crónica de alimentos, medicamentos y otros artículos de primera necesidad.

Las actuales protestas comenzaron a principios de febrero, cuando estudiantes universitarios del Estado de Táchira se congregaron para exigir mayor seguridad pública. Las protestas se propagaron rápidamente por el país, y a las demandas iniciales se fueron sumando otras, como críticas a la inflación y al desabastecimiento. Poco después se sumaron también miembros de la oposición política venezolana, cuyo candidato moderado, Henrique Capriles, casi había conseguido derrotar a Maduro en los comicios de abril pasado. El posterior intento de Capriles por convertir las elecciones regionales de diciembre en un referendo sobre la continuidad de Maduro fracasó, y los candidatos oficialistas finalmente se impusieron. Luego, varios de los líderes más combativos de la oposición llamaron a sus simpatizantes a participar en las marchas y declararon que no abandonarían la protesta hasta conseguir “la salida”, o sea, que Maduro dejara de ser presidente.

El 12 de febrero, Caracas fue escenario de sucesos violentos en los que algunos manifestantes arrojaron piedras y miembros de las fuerzas de seguridad dispararon municiones. Tres personas murieron a causa de los disparos, incluidos dos manifestantes y un partidario del Gobierno, lo cual suscitó una nueva ola de protestas en más de 20 ciudades. Si bien la mayoría de las protestas se han desarrollado pacíficamente, en muchos lugares los manifestantes han instalado barricadas, y algunos han lanzado piedras y cócteles Molotov. Las fuerzas de seguridad fueron movilizadas para contener las manifestaciones, y hay numerosas acusaciones de abusos, incluidos casos en que se abrió fuego contra manifestantes que no estaban armados y de personas que sufrieron palizas mientras permanecieron detenidas. Bandas de civiles armados afines al Gobierno han circulado en motocicletas por distintas ciudades y han atacado a manifestantes e infundido temor para evitar que nuevas personas se sumaran a las protestas. Gran cantidad de personas han resultado heridas y más de 30 han perdido la vida, incluidos civiles, policías y miembros de la Guardia Nacional.

Mi Venezuela de ayer y de hoy


Plinio Apuleyo Mendoza 21 de Marzo del 2014

La primera vez me pareció que Caracas tenía un aire rural y en todo caso provinciano. Bajo los tamarindos de la plaza de Bolívar había gente tomando el fresco. Grillos que latían en el crepúsculo, faroles antiguos y un capitolio con su cúpula blanca y elevada como una torta de bodas parecían pertenecer a otros tiempos; quizás a los de Juan Vicente Gómez.

Yo era todavía un adolescente y aquel fue mi primer viaje solo fuera de Colombia. Caminaba por El Silencio, cuando un amigo de mi padre, Vicente Gerbasi, me reconoció por casualidad y me llevó a una fuente de soda, El Lido. Situado en un confín de la ciudad, era un islote de luz en medio de prados donde titilaban de noche las luciérnagas y los grillos hilvanaban una letárgica sinfonía rural.

No podía sospechar yo en aquel momento que Caracas iba a ser sacudida por tres décadas de vértigo; que la paz de sus patios y crepúsculos iba a saltar en añicos y que enjambres de inmigrantes españoles, italianos y portugueses llegarían a una ciudad de recientes autopistas, que se abrían o se enroscaban como pulpos y arañas, con derroches de neón, artificios de vidrio y acero. Todo aquello iba a darle a Caracas otro perfil, sin dejar casi nada de lo antiguo, salvo el Ávila y un vago perfume de flores que todavía sigue sintiéndose cuando anochece.

Tampoco podía yo imaginar entonces hasta qué punto Venezuela sería una carta constante en mi destino personal. Allí viviría por toda una década, dejando amigos, nexos, recuerdos que cualquier efímero regreso hacen revivir con intensidad. A los 22 años, cuando dejé a París, donde adelantaba estudios de Ciencias Políticas, para radicarme en Caracas y acompañar a mi padre en su exilio, mi protector y guía fue Ramón J. Velásquez. Historiador, periodista, senador y muchos años más tarde Presidente de la República, es el venezolano nacido en el Táchira que mejor conoce a Colombia.

Hoy tiene más de 90 años y yo lo conocí cuando no había cumplido 30. Entonces era un abogado pobre y flaco, que conspiraba contra la dictadura de Pérez Jiménez.

Recuerdo su casa en el barrio El Conde, muy modesta, y los artículos suyos firmados con un seudónimo que yo iba a recoger para publicarlos en un suplemento del diario La Esfera, casi clandestinamente, pues su firma era rehuida entonces por muchos directores de diarios para no tener problemas con la dictadura.

El día que agentes de la Seguridad Nacional irrumpieron en su casa a las cinco de la mañana y se lo llevaron preso, yo lo reemplacé en la dirección de la revista Élite, entonces la más importante del país, dirección que él ejercía de hecho, pero no nominalmente. Me sentí muy extraño ocupando el escritorio de aquel amigo y protector que en ese momento, quizás con esposas en las muñecas, era llevado a una cárcel de Ciudad Bolívar, de donde saldría años más tarde, en la mañana del 23 de enero de 1958.

El regreso de la democracia

¡Qué día inolvidable! Tras años de vivir en un país hermético, donde nadie se atrevía a dar opiniones sobre el régimen, vi aparecer otra Venezuela. Luego de un frustrado levantamiento de una base militar de Maracay, durante tres semanas estallaron en las calles gritos y protestas –como los que hoy vemos– hasta que en aquella madrugada histórica del 23 de enero cayó Pérez Jiménez.

Gabo y yo vimos desde el balcón de mi apartamento, a las tres de la madrugada, el avión que lo llevaba a la República Dominicana. Yo no estaba en Élite, sino en la revista Momento. Había conseguido que Gabo dejara de pasar hambres en París para trabajar conmigo. Nos veo en una sala de redacción desierta escribiendo un editorial –el primero de la democracia–, mientras la ciudad vivía, en la primera luz de la madrugada y en medio de pitos y sirenas, el delirio por la caída del dictador.

“En esta primera hora de la democracia, los venezolanos celebramos...” Tan cercanos estábamos a Venezuela que podíamos escribirlo así, impunemente.

Vivimos muy de cerca la reaparición de los partidos, el regreso de su exilio de grandes dirigentes como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, los entrevistamos y escribimos muchos informes políticos, hasta que el propietario de la publicación decidió confiar aquella sección de la revista a un joven diputado de Copei, esbelto y de rotundo bigote negro: Luis Herrera Campins. ¿Podíamos imaginar que años después sería Presidente de la República? “¿Te acuerdas cómo lo regañabas por sus retrasos?”, me decía Gabo con risa.

En realidad, ninguno de los más emblemáticos personajes de esa nueva democracia nos fue ajeno. La primera entrevista con Rómulo Betancourt, cuando fue elegido Presidente, se la hice yo en su casa para este diario. A Carlos Andrés Pérez lo acompañé en un avión privado a sus parajes natales, en el Táchira. El día que fue elegido Presidente por primera vez desayuné en su casa.

De Gustavo Machado, fundador y dirigente del Partido Comunista venezolano, fui cercano amigo. Escribí, tras muchas horas de conversaciones con él, una completa biografía suya. Fue reeditada cuando cumplió 80 años y él me la envió con una nota, que todavía conservo, en la cual me llama “testigo y actor del periodismo venezolano”.

Personajes inolvidables

Son muchos. Por petición de su madre, me convertí en protector paternal de una jovencita venezolana de cuya vocación de cineasta me hice cargo haciéndola viajar a París para estudiar en el Idhec. Hoy es famosa directora de cine: Fina Torres.

Nunca he podido olvidar a dos grandes figuras del periodismo venezolano, cercanos amigos: Miguel Ángel Capriles y Miguel Otero Silva, el famoso escritor y director de El Nacional. Miguel Henrique, su hijo, libra hoy una heroica batalla contra el régimen chavista.

Teodoro Petkoff, el fundador del MAS y también valeroso director del diario Tal Cual, tiene para mí una connotación familiar. Hace muchos años –no recuerdo cuántos– hicimos un largo viaje en su automóvil por las riberas del lago de Maracaibo y luego por los Andes y los llanos. Nunca olvidó él, años más tarde, que, gracias a una intervención mía, Gabo le dio a su partido, el MAS, los dineros del premio Rómulo Gallegos.

Luego de vivir en Venezuela en los años cincuenta, regresé a Colombia y luego a Francia, pero jamás perdí contacto con este, mi segundo país. Volví allí cada año. Dos hermanas permanecían en Caracas dirigiendo conocidas publicaciones. Sí, a medida que se aproximaba el fin del siglo XX no dejaba de inquietarme cierto deterioro de la democracia por culpa de una clase política, vinculada a los dos grandes partidos, que iba encerrándose, como la nuestra, en sus exclusivos intereses. El fervor popular de otros días había desaparecido.

La Venezuela de hoy

¿Pude imaginar el desastre que iba a representar para Venezuela, incluso para el continente, la llegada de Chávez al poder? Francamente, no. Incluso, cercanos amigos, hoy perseguidos por Maduro, lo vieron en su momento como una nueva y promisoria alternativa. Quince años después, el desastre dejado por el régimen chavista es monumental. Puede expresarse en tres palabras: despilfarro, corrupción y autoritarismo. El chavismo tiene a la vez sesgos propios del fascismo y del castrismo.

Con su desaforado populismo, logró por primera vez en Venezuela y en los países que han seguido el mismo rumbo, una peligrosa fractura social. De un lado, aparecen las maltrechas clases populares que se beneficiaron de manera efímera con las prebendas obtenidas por la renta petrolera.

Del otro lado, las clases media y alta y sectores sindicales, que miran con toda lucidez las funestas políticas que han arrasado al país: la manera abusiva como el Estado ha puesto su mano en la actividad económica con su control de precios, de cambios, del comercio exterior, y el clima ingrato que ha creado para los inversionistas locales e internacionales. Baja producción, obligada importación de productos básicos, delirante escasez, la inflación más alta del continente (56 por ciento), creciente devaluación de la moneda, y las divisas agotándose cada día más.

Un desastre, al cual se agrega la grave crisis hospitalaria con ausencia de medicamentos básicos, cortes eléctricos y una inseguridad que hace de Caracas la ciudad más peligrosa del planeta, con más de 25.000 homicidios por año, además de robos y secuestros.

La Venezuela que ahora sale a las calles para impugnar el régimen de Maduro me recuerda a la Venezuela de ayer, la que apareció repentinamente en los primeros días de 1958, con mítines y protestas que acabaron produciendo la caída de Pérez Jiménez. Tal fenómeno, que hierve en las raíces históricas del país, ha vuelto a estallar en las calles con más fuerza que nunca. Sí, es el grito de un bravo pueblo que cuando aparece no se rinde.